Ella
Mucho no queda para decir. Era ella. Y sólo ella. Su forma de ver la vida, sus ojos cansados y su sonrisa falsa cuando alguien le pide una foto. Ella, la chica que hablaba bajito, esperando tal vez que sus comentarios sin filtros no se escuchen. Ella, la que clava la mirada cuando algo le interesa y sonríe en su inconsciente, porque le da ganas de sonreír simplemente. Ella, la que le gusta despertarse a la mañana... pero sólo si se despierta por su cuenta, de lo contrario, mejor no hablarle por un rato. Ella, que se queda mirando un punto fijo en la pared hundida en sus pensamientos, sin percatarse que alguien la puede estar observando en esa especie de hipnosis. Ella, la que con un comentario podía abrazarte sin tocarte, y a la vez dejarte helado, inmóvil, como Medusa, aquella mujer mortal. Ella, la que no le gusta peinarse, y estaría todo el día con el pelo suelto en medio de enredos que el viento provoca en su cabeza. Ella, la de ojos marrones, que se le cristalizan cuand...